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La Esencia del Amor
Las estrellas se conjugaron con las de mayor tamaño. Las mías, las fui anotando y poniéndoles nombres tan absurdos como ‘Paciencia’. En mí jardín, el ruido de la fuente se iba desvaneciendo con el del agua de la lluvia. Las rosas de deshojaban y marchitaban como por un mal de ojo. La parra que tantas uvas me ofreció este verano se tornó en colores cobrizos. Los pájaros que antes bebían con ansía en la fuente, ahora solo buscan refugios entre las ramas del ficus. El banco donde antes leía mis libros favoritos, se cubrió de musgos. Me entretengo y planto bulbos de nardos y amapolas rojas y negras…y algunas blancas…- Ahora me ciento detrás de mi ventana que da al jardín y observo como se desvanece lo que hasta solo hace unos días era mi paraíso, mi rincón de sabiduría percibida por las plantas y el agua fresca de la fuente. Del ciprés que cada año crece dos palmos. Del árbol de Júpiter que por estas fechas suela echar las flores al igual que la Jacaranda. El invierno da paso a momentos como estos, melancólicos y tristes porque comprendes que el ciclo de tú vida es igual que la de mí pequeño jardín…Vida, esplendor y finalmente un envejecimiento precoz. Sin perder esa belleza que caracteriza el periodo en si, pero que te hace pensar…- y comprendes que algún día tú te marchitaras al igual que las rosas de mí pequeño jardín, que la fuente se secara y las plantas trepadoras lo invadirán todo. Hoy el jazmín luce aun sus blancas y perfumadas flores. Las buganvillas siguen con sus flores rojas y naranjas. Quizás sean las únicas que me presten ese soplo de vida ante mi ventana, en los días grises y tristes como el de hoy. Solo me entristece mi pequeño jardín… que me dio todo y yo tan poco…
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